Los recientes eventos de violencia en la región de Xinjiang, en el noroeste de China, son los últimos de una larga historia de desencuentros entre Pekín y la minoría uigur.
Estos musulmanes, cuya lengua tiene relación con el turco, se consideran más cercanos a la cultura y etnia de otros países asiáticos.
Con una economía basada en la agricultura y el comercio, a principios del siglo XX, los uigures declararon su independencia. Aunque su soberanía les duró poco pues la zona cayó bajo el control de la China comunista en 1949.
Oficialmente, China describe a Xinjiang como una región autónoma. Una situación muy parecida a la de Tíbet.
Pekín dice que militantes uigures alimentan una campaña violenta por un estado independiente a través de la colocación de bombas y los sabotajes y creando malestar cívico. Tras el atentado de las torres Gemelas en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, el gobierno chino acusó a separatistas uigures de colaborar con al-Qaeda. Según China, activistas uigures reciben entrenamiento y adoctrinamiento de militantes islamistas en el vecino Afganistán. Aunque no se han presentado suficientes evidencias que corroboren esta afirmación.
¿De que se quejan los uigures?
Los manifestantes reclaman que el Estado chino restringe gradualmente sus actividades religiosas, comerciales y culturales. Además, China intensificó las represalias después de las protestas callejeras de los años ‘90; y más tarde a propósito de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Durante la última década muchos activistas uigures fueron encarcelados o buscaron asilo en el extranjero después de que los acusaran de terrorismo. A Pekín también se le acusa de diluir la influencia uigur con migraciones masivas de chinos Hans -el mayor grupo étnico del país- a Xinjiang. Hoy en día el 40% de la población de Xinjiang está compuesta por personas de la etnia Han, mientras que el 45% es de uigures.
La protesta realizada esta semana en la capital de la provincia, Urumqi, empezó como una manifestación cívica y terminó con enfrentamientos con la policía local. Se estima que más de 150 personas murieron. Las autoridades acusaron a separatistas de Xinjiang establecidos en el extranjero de haber causado los disturbios, mientras que uigures en el exilio aseguran que las fuerzas policiales fueron las que abrieron fuego indiscriminado contra una protesta pacífica que pedía una investigación sobre el caso de dos uigures que murieron en una fábrica en el sur de China después de haberse enfrentado a chinos de la etnia Han.
